jueves, 26 de enero de 2017

Saber de mis propias limitaciones, saber de mi propio sentir que el pertenecer a veces no es más que un sentimiento mundano y sin razón, que es tan fácil de evaporarse y dejar un vacío que es capaz de expandirse como metástasis y veneno en mi interior, a veces no solo en forma de tristeza o de mi acarreada depresión, si no en forma de enojo, de soledad, de incertidumbre y desdén. A veces el espacio que está en nuestro corazón comienza a llenarse de lágrimas hasta no poder contenerlas mas.

En una familia de cinco personas, el número impar cobra fuerza, en una familia con tres hijos el dos es el único par, entre sexos, entre risas, logros y conocimientos, el dos tiende a ser el número a olvidar, olvidado por el creer que es independiente, que es insensible y fuerte, cuando el veneno que corre dentro corrompe hasta el último pensamiento, el número dos una vez mas se siente desplazado, pues la fuerza de uno y tres siempre será más fuerte ante la familia entera, ante la amistad, ante la repudiada sociedad que odia el número sin atención.

La vida me ha demostrado que las capacidades que uno tiene o no, no tienen comparación con los depósitos que se encuentran en cada corazón, el depósito que tengo infundado en la tercera persona no tiene valor alguno, no tiene importancia su almacén sin embargo al llegar el favoritismo en la casa, casi son nulos los pocos valores que existían, pues un mar de exigencias se acerca y un mar de decepciones choca contra la ola ahogándose todo lo que estaba construido a la mitad.

Tiendo a celar y protege lo mio, pues lo poco que tengo lo aprecio y lo cuido con esmero y mucha dedicación, sin embargo mi falta de habilidad o carisma me hacen perder la simpatía cuando el hermano con mas habilidad, virtud y cariño se acerca, dejando de lado el sentimiento que los terceros comenzaban a tener por mi, y es de sabios reconocer que un caballero tiene mas valor que otro, en la pelea todos sabemos quien es el personaje preferido, el personaje que nunca pasa a ser secundario, sin embargo el papel de mi vida está abriendo y cerrando el telón, pues una vez que el actor disfrazado de caballero sale a escena, todos olvidan que hay alguien detrás.

Tal vez vendiendo algo de lo que soy pueda conseguir algo de lo que quieran mantener, que volverse un poquito valioso pueda suceder, pues sé que tan fácil como llego, tan fácil es de reemplazar, en la familia, en el amor, en la amistad, en todo alguien mas ha de triunfar, y en todo alguien necesita perder, en este caso a mi me tocó la responsabilidad.

Un mundo en el que soñar no se sirve de nada, en el que mis expectativas se hacen polvo, en que la amistad es hipócrita e intercambiable y que el recuerdo que atesoro de cada persona se vuelve intrapersonal nada mas pues al parecer la única persona que parece preocuparse al final tiende a ser la primera, primera persona hasta el final, primera persona con la carga de recordar pese al olvido del tercero.

Tal vez el acostumbrarme al ritmo de la vida he podido llegar a darme cuenta que no soy mas que una pisada mas para llegar a una isla, que las vueltas y trayectos solo pasan por mi para poder llegar a un destino, mi vida a sido condenada a una parada mas para llegar a las metas, que la meta de nadie ante mi es permanecer, si no brincar y olvidar un lugar por el que tal vez transitó y ya no logrará recordar.

Bienvenido al mundo de los dementes

 La joven escritora ha crecido, el tiempo ha corrido y la tinta y letras han dejado de permanecer intactas, para volver a este, un espacio e...