viernes, 7 de febrero de 2014

1.

Y en el collar de perlas el oculto el amor que nunca se atrevió a decir y ella con un desdén y aires de orgullo abrió la caja sin pensar en el contenido que esta tenía cuando al abrirla hubo tal brillo y tal emoción que las palabras no fueron suficientes para decir algo, desenvolvió su corazón y desnudo su indiferencia en inocencia y amor.
Dos corazones destrozados caminaron confundidos, uno pensando en cómo olvidar al amor que jamás conquistó mientras que ella caminaba ansiosa en la búsqueda de aquel hombre que la hizo sentir amada y libre de fingir ser una dama caprichosa y de lujos despampanantes; dejándola con el simple deseo de un delicado beso que se había convertido en un sueño tan inalcanzable como la luz de la luna que miraba con ilusión durante la noche en compañía de su piel desnuda que armonizaba en la noche con el roce de las sábanas al contacto con su piel color canela.
Desventurado, con el corazón destrozado el caminaba lentamente mientras veía como las luces del tren se acercaban poco a poco en la distancia y podía envolverse entre la poca gente que se encontraba en la estación y alistaba su equipaje para no dejar nada atrás. El únicamente llevaba una pequeña maleta, con la cual esperaba llevarse los pocos recuerdos que le permitieran sobrevivir a donde quiera que fuese, a donde quiera que el recuerdo no prolongara más sueños que jamás serían cumplidos.
Unos minutos más para olvidar todo lo que había pasado los últimos días, para aliviar el dolor que había causado una vez más, el amor de una mujer a para la cual las perlas eran más bellas que el alma, entrega y corazón de un hombre que le había entregado el cielo y el infierno en orgasmos, caricias y durante las noches se volvía protector de sus más profundos sueños y deseos.
Michael había esperado encontrar al amor desde que era muy joven, viajaba y se dedicaba a estudiar todas las cosas maravillosas que el mundo podía ofrecerle, un viajero del presente y del pasado, buscando destellos donde nadie se detenía a mirar. Su trabajo parecía sencillo a los ojos de un niño que vive para reír y disfrutar la vida y el con las manos de un adulto pero un corazón de niño invitaba con su sonrisa un simple vals aquella noche de invierno.
Elegancia, copas de champagne, mujeres con vestidos largos y zapatillas altas tomaban los brazos de sus esposos acabados con el tiempo y con su físico de barbas y bigotes bien afeitados, todos de un porte elegante y caro dentro de aquella noche estrellada y despejada, lo bastante fresca para utilizar un abrigo para su comodidad.
Candelabros, risas democráticas, una cena de ricos o quizás simplemente un baile conmemorativo a donde Michael pensaba haber caído por equivocación al recibir tan exquisita invitación, pero únicamente eran los lujos que le proporcionaba la excelencia y calidad de su trabajo que había hecho notar en sus últimos viajes, su jefe reconocía aquel esfuerzo y esa noche le invitaba a una cena elegante con motivo de una nueva propuesta de trabajo y una fuerte alianza con otros grandes ejecutivos dentro de la empresa.
Pensativo continuaba caminando cerca y lejos de todos, no entre el tumulto, simplemente parecía sentirse mejor pasando desapercibido entre aquel grupo de gente adinerada y de sonrisas acartonadas y comprometidas, prefería estrechar la mano de un buen hombre con cortesía y educación que con hipocresía y con esa sonrisa falsa que tanto odiaba utilizar.
Con un semblante serio y apacible miraba a todas las personas,  siempre quisquilloso en cada minúsculo detalle,  su especialidad, continuaba observando y a lo lejos observo una sonrisa que parecía ser diferente, una mujer elegante llevaba un vestido largo y escotado de su espalda, un color negro y de una tela aparentemente ligera, sostenía su copa con elegancia y sencillez y reía entre un grupo de hombres y mujeres los cuales atendían maravillados a lo que sus labios decían.
La miró y después de un momento siguió su recorrido tratando de acercarse sin ser obvio a escuchar lo que la dama del vestido negro estaba diciendo, caminaba lentamente confiado y a la vez agitado, tal vez no era el único que se sentía diferente dentro de aquella fiesta de despampanantes lujos.
Poco a poco se acercó y quedo a espaldas de aquella mujer mientras pretendía estar comiendo de aquellas charolas tan perfectamente colocadas, como si fuese un delito o deshonra tomar algún bocadillo y dejar incompleta aquella vista tan estrictamente organizada.
-          Regresé de Estados Unidos el día de ayer, sinceramente no es de mi agrado viajar en avión, pero bueno venir a este hermoso lugar tiene sus pequeños sacrificios y no soy la clase de mujer que guste de complicarse la vida para poder obtener un asiento en primera clase cuando puede viajar cómodamente a pesar de que el caballero que está a mi lado insistió tanto para hacerme sentir una reina.
-          ¡Claro! Esa siempre ha sido una de mis más grandes preocupaciones, que jamás te falte nada y tengas las comodidades que toda mujer desearía e imaginaría.
Michael un poco desilusionado al escuchar aquella conversación decidió probar alguno de los bocadillos que le parecieran más de su agrado, cuando acercaba el bocadillo a su boca escuchó una voz
-          No te recomendaría comer ese, deberías intentar combinarlo con un poco de vino, ¡claro! Si esta gente considerara el buen sabor del vino en lugar del champagne.
-          Claro, además si consideraran preocuparse por el sabor de los bocadillos en lugar del precio para alardear.
Miró a aquella mujer sorprendido, se dio cuenta de que la tenía ahora de frente y estaba hablando con ella, su corazón latió fuerte y comenzó a ponerse nervioso, eran pocas las conversaciones que podía tener con las mujeres sin sentirse abrumado o ansioso.
-          ¿Pasa algo?
-          No, nada, solo que hace unos segundos estaba escuchando de lo que hablabas con aquellas personas, pensé que nadie me hablaría en este lugar.
-          No te preocupes, no deberías sentirte intimidado, incluso podría asegurarte que muchos se sienten intimidados por ti, un hombre joven y de buen físico, no me sorprendería que muchas de las mujeres de este lugar ya hayan pasado los ojos algunas o muchas veces por sobre aquella corbata roja que tienes puesta.
-          Eso…. Me dejaría totalmente perplejo, lo tomaré como un cumplido para la corbata (rió entre dientes) trataré de usar esta corbata más seguido.
-          Deberías, se ve muy bien. Supongo que tampoco eres de por aquí ¿me equivoco?
-          No, un amigo me invito y la verdad he viajado mucho estos últimos años, me considero de muchos lugares y de ninguno al mismo tiempo. ¿De dónde vienes? Si me permites preguntar.
-          Bueno como tu bien dijiste de muchos lugares y de ninguno, pero me considero de Estados Unidos, recientemente acepté una oferta de trabajo y he venido a dar aquí junto con un compañero el cual movió algunas propuestas para traerme de manera permanente.
La músico comenzó a sonar e indicaba que era el tiempo de comenzar el baile, todos ansiosos ya que eran pocos eventos en donde todavía se podía bailar y además parecía ser un requisito para aquellas fiestas, la intensidad de las luces bajó y la pista comenzó a despejarse poco a poco sacando a quienes se sentían intimidados por las miradas curiosas para ver quien entraba primero a la pista de baile.
-          Bueno, al parecer no veo ningun valiente cerca de la pista, hay que darles cuerda a estos hombres regordetes y sus mujeres ansiosas. ¿Te gustaría bailar?
Desconcertado tomó la mano de aquella mujer acompañándola al centro de la pista de baile, aún nervioso pero con cierta valentía que alcanzaban a mantener el ritmo de su corazón relajado y la misma cara neutral que trataba de mantener casi de manera automática.
Tomó su cintura, sintiendo una figura definida y sintió como ella tomaba su hombro mientras de movían de manera delicada al compás de un vals alegre, ella lo miró después de unos segundos.
-          Bailas muy bien….. (preguntando con la mirada su nombre)
-          Michael, lo mismo digo…. (regresando la pregunta con una sonrisa)

-          Alejandra (regresando la sonrisa)

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