Y en el collar de perlas el oculto el amor que nunca se
atrevió a decir y ella con un desdén y aires de orgullo abrió la caja sin
pensar en el contenido que esta tenía cuando al abrirla hubo tal brillo y tal
emoción que las palabras no fueron suficientes para decir algo, desenvolvió su
corazón y desnudo su indiferencia en inocencia y amor.
Dos corazones destrozados caminaron confundidos, uno
pensando en cómo olvidar al amor que jamás conquistó mientras que ella caminaba
ansiosa en la búsqueda de aquel hombre que la hizo sentir amada y libre de
fingir ser una dama caprichosa y de lujos despampanantes; dejándola con el
simple deseo de un delicado beso que se había convertido en un sueño tan
inalcanzable como la luz de la luna que miraba con ilusión durante la noche en
compañía de su piel desnuda que armonizaba en la noche con el roce de las
sábanas al contacto con su piel color canela.
Desventurado, con el corazón destrozado el caminaba
lentamente mientras veía como las luces del tren se acercaban poco a poco en la
distancia y podía envolverse entre la poca gente que se encontraba en la
estación y alistaba su equipaje para no dejar nada atrás. El únicamente llevaba
una pequeña maleta, con la cual esperaba llevarse los pocos recuerdos que le
permitieran sobrevivir a donde quiera que fuese, a donde quiera que el recuerdo
no prolongara más sueños que jamás serían cumplidos.
Unos minutos más para olvidar todo lo que había pasado los
últimos días, para aliviar el dolor que había causado una vez más, el amor de
una mujer a para la cual las perlas eran más bellas que el alma, entrega y
corazón de un hombre que le había entregado el cielo y el infierno en orgasmos,
caricias y durante las noches se volvía protector de sus más profundos sueños y
deseos.
Michael había esperado encontrar al amor desde que era muy
joven, viajaba y se dedicaba a estudiar todas las cosas maravillosas que el
mundo podía ofrecerle, un viajero del presente y del pasado, buscando destellos
donde nadie se detenía a mirar. Su trabajo parecía sencillo a los ojos de un
niño que vive para reír y disfrutar la vida y el con las manos de un adulto
pero un corazón de niño invitaba con su sonrisa un simple vals aquella noche de
invierno.
Elegancia, copas de champagne, mujeres con vestidos largos y
zapatillas altas tomaban los brazos de sus esposos acabados con el tiempo y con
su físico de barbas y bigotes bien afeitados, todos de un porte elegante y caro
dentro de aquella noche estrellada y despejada, lo bastante fresca para
utilizar un abrigo para su comodidad.
Candelabros, risas democráticas, una cena de ricos o quizás
simplemente un baile conmemorativo a donde Michael pensaba haber caído por
equivocación al recibir tan exquisita invitación, pero únicamente eran los
lujos que le proporcionaba la excelencia y calidad de su trabajo que había
hecho notar en sus últimos viajes, su jefe reconocía aquel esfuerzo y esa noche
le invitaba a una cena elegante con motivo de una nueva propuesta de trabajo y
una fuerte alianza con otros grandes ejecutivos dentro de la empresa.
Pensativo continuaba caminando cerca y lejos de todos, no
entre el tumulto, simplemente parecía sentirse mejor pasando desapercibido
entre aquel grupo de gente adinerada y de sonrisas acartonadas y comprometidas,
prefería estrechar la mano de un buen hombre con cortesía y educación que con
hipocresía y con esa sonrisa falsa que tanto odiaba utilizar.
Con un semblante serio y apacible miraba a todas las
personas, siempre quisquilloso en cada
minúsculo detalle, su especialidad,
continuaba observando y a lo lejos observo una sonrisa que parecía ser
diferente, una mujer elegante llevaba un vestido largo y escotado de su
espalda, un color negro y de una tela aparentemente ligera, sostenía su copa
con elegancia y sencillez y reía entre un grupo de hombres y mujeres los cuales
atendían maravillados a lo que sus labios decían.
La miró y después de un momento siguió su recorrido tratando
de acercarse sin ser obvio a escuchar lo que la dama del vestido negro estaba diciendo,
caminaba lentamente confiado y a la vez agitado, tal vez no era el único que se
sentía diferente dentro de aquella fiesta de despampanantes lujos.
Poco a poco se acercó y quedo a espaldas de aquella mujer
mientras pretendía estar comiendo de aquellas charolas tan perfectamente
colocadas, como si fuese un delito o deshonra tomar algún bocadillo y dejar
incompleta aquella vista tan estrictamente organizada.
-
Regresé de Estados Unidos el día de ayer,
sinceramente no es de mi agrado viajar en avión, pero bueno venir a este
hermoso lugar tiene sus pequeños sacrificios y no soy la clase de mujer que
guste de complicarse la vida para poder obtener un asiento en primera clase
cuando puede viajar cómodamente a pesar de que el caballero que está a mi lado
insistió tanto para hacerme sentir una reina.
-
¡Claro! Esa siempre ha sido una de mis más
grandes preocupaciones, que jamás te falte nada y tengas las comodidades que
toda mujer desearía e imaginaría.
Michael un poco desilusionado al escuchar aquella conversación
decidió probar alguno de los bocadillos que le parecieran más de su agrado,
cuando acercaba el bocadillo a su boca escuchó una voz
-
No te recomendaría comer ese, deberías intentar
combinarlo con un poco de vino, ¡claro! Si esta gente considerara el buen sabor
del vino en lugar del champagne.
-
Claro, además si consideraran preocuparse por el
sabor de los bocadillos en lugar del precio para alardear.
Miró a aquella mujer sorprendido, se dio cuenta de que la
tenía ahora de frente y estaba hablando con ella, su corazón latió fuerte y
comenzó a ponerse nervioso, eran pocas las conversaciones que podía tener con
las mujeres sin sentirse abrumado o ansioso.
-
¿Pasa algo?
-
No, nada, solo que hace unos segundos estaba
escuchando de lo que hablabas con aquellas personas, pensé que nadie me
hablaría en este lugar.
-
No te preocupes, no deberías sentirte
intimidado, incluso podría asegurarte que muchos se sienten intimidados por ti,
un hombre joven y de buen físico, no me sorprendería que muchas de las mujeres
de este lugar ya hayan pasado los ojos algunas o muchas veces por sobre aquella
corbata roja que tienes puesta.
-
Eso…. Me dejaría totalmente perplejo, lo tomaré
como un cumplido para la corbata (rió entre dientes) trataré de usar esta
corbata más seguido.
-
Deberías, se ve muy bien. Supongo que tampoco
eres de por aquí ¿me equivoco?
-
No, un amigo me invito y la verdad he viajado
mucho estos últimos años, me considero de muchos lugares y de ninguno al mismo
tiempo. ¿De dónde vienes? Si me permites preguntar.
-
Bueno como tu bien dijiste de muchos lugares y
de ninguno, pero me considero de Estados Unidos, recientemente acepté una
oferta de trabajo y he venido a dar aquí junto con un compañero el cual movió
algunas propuestas para traerme de manera permanente.
La músico comenzó a sonar e indicaba que era el tiempo de
comenzar el baile, todos ansiosos ya que eran pocos eventos en donde todavía se
podía bailar y además parecía ser un requisito para aquellas fiestas, la
intensidad de las luces bajó y la pista comenzó a despejarse poco a poco
sacando a quienes se sentían intimidados por las miradas curiosas para ver
quien entraba primero a la pista de baile.
-
Bueno, al parecer no veo ningun valiente cerca
de la pista, hay que darles cuerda a estos hombres regordetes y sus mujeres
ansiosas. ¿Te gustaría bailar?
Desconcertado tomó la mano de aquella mujer acompañándola al
centro de la pista de baile, aún nervioso pero con cierta valentía que alcanzaban
a mantener el ritmo de su corazón relajado y la misma cara neutral que trataba
de mantener casi de manera automática.
Tomó su cintura, sintiendo una figura definida y sintió como
ella tomaba su hombro mientras de movían de manera delicada al compás de un
vals alegre, ella lo miró después de unos segundos.
-
Bailas muy bien….. (preguntando con la mirada su
nombre)
-
Michael, lo mismo digo…. (regresando la pregunta
con una sonrisa)
-
Alejandra (regresando la sonrisa)
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