domingo, 30 de abril de 2017

Aún somos niños

Creo nunca dejamos de ser niños, a pesar del tiempo, siempre habrá algo en nosotros que nos haga sentir esa emoción, esa incertidumbre, esas carcajadas que hacen que nos hacen sentir como si nuestros estómago quisiera explotar.
Tal vez encontrando maravillas en pequeñas cosas son lo que hemos perdido con el tiempo, la capacidad de observar detenidamente, la capacidad de percibir nuestro alrededor con ojos de asombro, pues en cada detalle hay miles de mundos por descubrir.
A mi poca edad, he descubierto y visto como han cambiado las cosas que me hacen alegrarme, algunas no...... debo admitir que mi gusto por los juguetes, las pistolas de agua y las pelotas no ha cambiado mucho, si no mi poca condición..... pero algunas cosas no las he experimentado hasta el día de hoy.
De chica siempre soñaba despierta, un mal del que sufro hoy también, sin embargo mi mente me llevaba a lugares extraordinarios, a lugares donde lo desconocido y mundos llenos de lava, de dragones, a veces carreras de autos, a veces guerras entre soldaditos de juguete eran épicas batallas entre mi hermano mayor y yo, un castillo hecho de colchas y sábanas con un refugio dentro lleno de comida y dulces.... no lo sé a veces ser niño es mucho más sencillo y más divertido.
El tiempo ha pasado, tal vez ya no sea tan pequeña, pero mi corazón se mantiene joven, despierto y lleno de asombro por todas las cosas que aún me faltan por descubrir, siento que mucho aún jugamos a ser adultos sin tener idea de lo que realmente estamos haciendo, muchos estamos cumpliendo los sueños que tuvimos de niños, otros hemos tomado caminos que no sabíamos que existían, pero que nos hacen sonreír como si nunca lo hubiésemos hecho.
Encontrar emoción siempre será algo que el tiempo no podrá borrar, un destello de juventud que se asoma en todos nosotros, desde el fondo de nuestro corazón y honrando la memoria de todos nuestros soldaditos de plástico caídos en esta batalla llamada tiempo con una sonrisa.

miércoles, 12 de abril de 2017

Vals

Así mientras el vals sonaba el piso era rasguñado y besado por los pies de dos amantes, dos almas unidas en una danza interminable donde todo parecía dar vueltas y vueltas sin indicios de detenerse, ni siquiera dándoles la oportunidad de respirar.

El ritmo del 1, 2, 3 resonaba sobre las cúpulas que adornaban aquel viejo salón, parecía que los querubines en la decoración voltearan su mirada con nostalgia, siguiendo sus pasos en silencio, el sonido que rompía y doblegaba al oído no era más que un pequeño violín y un piano lúgubre, que llevaba el compás atenuando la voz chirriante de las cuerdas, se apreciaba el sonido en la distancia perdiéndose en la noche como un suspiro de invierno, tan delicado como una respiración en el frío y helado viento que reinaba esa noche.

Una vuelta, otra vuelta, giraban en su caja de música, un, dos, tres, un, dos, tres, sencillo era recordar, un, dos, tres, un, dos, tres, los pasos seguían sin parar, rodeando su cintura y ella su hombro, dejándose llevar por el compás en un sinfín donde sus pies no parecían tocar el suelo.
El tiempo parecía detenerse a su alrededor, no eran más que simples sombras rodeadas de luz, la danza tenue y su profundo sentimiento los alejaron de la realidad cubierta y llena de gentuza que se regodeaba en vanos placeres y deseos fugaces, copas de vino por doquier, sonrisas falsas y caras de asombro que los rodeaban, una turba y un staccato chirriante y desafinado y aun así ellos lograron escapar con un sencillo vals.


Un, dos, tres, un, dos, tres, la nieve caía sin detenerse, un dos tres el tiempo parecía tener vida, pues el viento dibujaba las notas al aire y el único eco que podía apreciarse era el de la música que se perdía en la inmensidad de ese amor y esas miradas.

Bienvenido al mundo de los dementes

 La joven escritora ha crecido, el tiempo ha corrido y la tinta y letras han dejado de permanecer intactas, para volver a este, un espacio e...