miércoles, 12 de abril de 2017

Vals

Así mientras el vals sonaba el piso era rasguñado y besado por los pies de dos amantes, dos almas unidas en una danza interminable donde todo parecía dar vueltas y vueltas sin indicios de detenerse, ni siquiera dándoles la oportunidad de respirar.

El ritmo del 1, 2, 3 resonaba sobre las cúpulas que adornaban aquel viejo salón, parecía que los querubines en la decoración voltearan su mirada con nostalgia, siguiendo sus pasos en silencio, el sonido que rompía y doblegaba al oído no era más que un pequeño violín y un piano lúgubre, que llevaba el compás atenuando la voz chirriante de las cuerdas, se apreciaba el sonido en la distancia perdiéndose en la noche como un suspiro de invierno, tan delicado como una respiración en el frío y helado viento que reinaba esa noche.

Una vuelta, otra vuelta, giraban en su caja de música, un, dos, tres, un, dos, tres, sencillo era recordar, un, dos, tres, un, dos, tres, los pasos seguían sin parar, rodeando su cintura y ella su hombro, dejándose llevar por el compás en un sinfín donde sus pies no parecían tocar el suelo.
El tiempo parecía detenerse a su alrededor, no eran más que simples sombras rodeadas de luz, la danza tenue y su profundo sentimiento los alejaron de la realidad cubierta y llena de gentuza que se regodeaba en vanos placeres y deseos fugaces, copas de vino por doquier, sonrisas falsas y caras de asombro que los rodeaban, una turba y un staccato chirriante y desafinado y aun así ellos lograron escapar con un sencillo vals.


Un, dos, tres, un, dos, tres, la nieve caía sin detenerse, un dos tres el tiempo parecía tener vida, pues el viento dibujaba las notas al aire y el único eco que podía apreciarse era el de la música que se perdía en la inmensidad de ese amor y esas miradas.

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