Así mientras el vals sonaba el piso era rasguñado y besado
por los pies de dos amantes, dos almas unidas en una danza interminable donde
todo parecía dar vueltas y vueltas sin indicios de detenerse, ni siquiera
dándoles la oportunidad de respirar.
El ritmo del 1, 2, 3 resonaba sobre las cúpulas que
adornaban aquel viejo salón, parecía que los querubines en la decoración
voltearan su mirada con nostalgia, siguiendo sus pasos en silencio, el sonido
que rompía y doblegaba al oído no era más que un pequeño violín y un piano
lúgubre, que llevaba el compás atenuando la voz chirriante de las cuerdas, se
apreciaba el sonido en la distancia perdiéndose en la noche como un suspiro de
invierno, tan delicado como una respiración en el frío y helado viento que
reinaba esa noche.
Una vuelta, otra vuelta, giraban en su caja de música, un,
dos, tres, un, dos, tres, sencillo era recordar, un, dos, tres, un, dos, tres,
los pasos seguían sin parar, rodeando su cintura y ella su hombro, dejándose
llevar por el compás en un sinfín donde sus pies no parecían tocar el suelo.
El tiempo parecía detenerse a su alrededor, no eran más que
simples sombras rodeadas de luz, la danza tenue y su profundo sentimiento los
alejaron de la realidad cubierta y llena de gentuza que se regodeaba en vanos
placeres y deseos fugaces, copas de vino por doquier, sonrisas falsas y caras
de asombro que los rodeaban, una turba y un staccato chirriante y desafinado y
aun así ellos lograron escapar con un sencillo vals.
Un, dos, tres, un, dos, tres, la nieve caía sin detenerse,
un dos tres el tiempo parecía tener vida, pues el viento dibujaba las notas al
aire y el único eco que podía apreciarse era el de la música que se perdía en
la inmensidad de ese amor y esas miradas.
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